El Valor de Emprender

Por: Cielo Velandia

Economista. Experta en desarrollo microempresarial. FUNDES en Venezuela

Mucho se habla sobre el emprendimiento y su importancia para nuestra sociedad actual. Ser capaces de desarrollar alguna actividad productiva, con cierta independencia, nos hace sentir muy bien. En lo personal grata satisfacción y en lo profesional, reconocimiento de grupos, instituciones, proveedores y clientes que nos animan a seguir adelante.

Un niño toma un lápiz y decide realizar algún dibujo libre (en la pared del cuarto o en algún papel que le dispongan a bien utilizar), en ambas situaciones fue su opción libre el “querer” pintar. Se requiere espacio, tiempo y ganas para emprender. No todos tienen a mano un buen cuaderno, ni los mejores lápices, muchos sin punta y así es la realidad del emprendedor.

Conseguir un papelógrafo en blanco y que te permitan diseñar una idea de negocio, imaginarte un ecosistema, generar soluciones y ponerlo en marcha, requiere de muchísimas ganas. ¡Y recursos…!

Pero quién te dijo que eras emprendedor. Cristóbal Colón sí que fue emprendedor, cruzó navegando continentes enteros. Charles Darwin, acucioso observador, anotó cuanta cosa se movía en la naturaleza. Tomas Edison inventor del bombillo eléctrico, imagínense si este último caballero hubiese pensado, para qué seguir insistiendo si ya he probado más de 900 bombillos y ninguno prende; bueno, según cuentan, realizó más de 1000 intento y las fallas no las consideraba errores, sino formas de aprender cómo no se fabrica un bombillo.  ¡Genial! ¿verdad? Qué de común tuvieron estos personajes que pasaron a la historia como genialidades.   La curiosidad, el ímpetu, la pasión por sus convicciones, el creer en sí mismos más allá de cualquier convencionalismo.

Me gustaría invitarle a que descubra cuán emprendedor o emprendedora es usted, con cuánta facilidad se fija en detalles que otros no perciben, visualiza negocios posibles donde otros lo consideran una locura, cuál es su propensión a asumir riesgos (referentes al dinero o eventos de su quehacer diario), es capaz de venderle a una misma persona dos yunques, siempre está donde nadie lo ha llamado, o su madre muy gentilmente le ha preguntado recientemente y ahora en qué andas metido.  Si se está sonriendo es porque seguro es una persona bastante emprendedora.

Lo interesante es cómo traducir ese valor conceptual en negocios concretos, en dinero constante y sonante. No hay regla de oro pero he aquí algunas consideraciones que le pueden resultar útiles.

1. En qué me considero realmente “bueno”,  soy buen vendedor, soy excelente cocinando, me gusta la orfebrería, soy experto albañil, etc. Usted puede elaborar una lista de las siete cosas que mejor sabe hacer y las pone en orden de importancia.  Ese es un buen paso inicial. 

2. Si tuviera que montar un negocio, en cuál me veo operando. 

3. Si hoy pudiese ofrecer algún producto o servicio a quién se lo vendería.

4. Si tuviese que comprar alguna máquina o insumos para empezar, los puedo comprar con mis recursos propios o tendría que buscar un socio (recordemos a Cristóbal Colón y las joyas de la reina).  

Los seres humanos nos complicamos la vida tanto como queremos, se dice que el dinero es una invención del hombre y que está ahí en el sistema, lo interesante es cómo capturarlo con sabiduría, astucia y prudencia a la vez.  

Volviendo al ejemplo del niño con ganas de pintar, la educación, el conocimiento  son herramientas fundamentales, de ahí la importancia de leer, de nutrirse de las experiencias de otros, de tal manera que esa curiosidad de niños jamás la perdamos, ese deseo de aprender, de aspirar siempre a la excelencia, de proponer soluciones y de ser asertivos en nuestras decisiones.

La mayor fuente de emprendimiento es la disconformidad. No estoy conforme con algo que considero debe mejorarse, entonces propongo una solución creativa. No estoy conforme con mi actual trabajo, porque siento que puedo dar más y no estoy desarrollando mi potencial por completo, entonces o busco un nuevo trabajo más atractivo (en remuneración y calidad de vida) o decido emprender un negocio por cuenta propia.

Es común escuchar  “a mí no me gusta trabajar para otros”, “estoy cansado del 15 y último”, “lo mejor es disponer uno de su tiempo sin horarios”. Pues bien, no conozco todavía a un emprendedor que no trabaje para “alguien” más, que no distribuya sus ingresos en “salario” y re –inversión en el negocio y, de paso, muchos ya no tienen tiempo ni para sus propias vacaciones. Entonces el emprendimiento obviamente que potencia al máximo las capacidades empresariales, organizativas, distribución de roles y responsabilidades, desarrollar el arte de la venta (más difícil aún cuando al emprendedor le da pena o no le gusta cobrar!). Pero eso es, un mundo fascinante de descubrirse a sí mismo en sus fortalezas y debilidades, y con todo ese bagaje y experiencias acumuladas,  seguir adelante. ¡Le felicito si ya tuvo el Valor de Emprender!