RSE, hacia un enfoque alineado al core business

Por: Elfid Torres, Director Ejecutivo FUNDES 

IMG_0040_(3).jpgLatinoamérica enfrenta enormes retos sociales, económicos y ambientales para mejorar la calidad de vida de sus más de 500 millones de habitantes.  Si bien, la región había crecido a un buen ritmo y sin interrupción desde los años 80, las empresas y los trabajadores no lograron capitalizar esa etapa de crecimiento para aumentar la eficiencia al producir. ¿Por qué este contexto es relevante para que las empresas revisen sus estrategias de Responsabilidad Social Empresarial?

La actual desaceleración de le economía y del comercio mundial es una situación que nos acompañará todavía por algunos años. En nuestra región la baja en los precios de las materias primas ha sido uno de los efectos más inmediatos. Este contexto hace más complejo el desafío que enfrenta la región en materia de crecimiento y desarrollo: ingresos, distribución, productividad o empleo, por citar algunos de los más importantes. ¿Qué rol tienen que jugar las empresas en estos contextos? 

En situaciones de bonanza y crecimiento, las empresas deberían buscar la forma de distribuir de una forma más equilibrada el éxito económico; y en contextos de crisis o desaceleración pueden buscar la forma de mitigar o atenuar los efectos negativos entre sus clientes, empleados y socios de negocios. Entonces, la cuestión no es si las empresas contribuyen o no al desarrollo, sino cómo pueden hacer una mejor contribución empleando su poder económico, su infraestructura y su talento. Los desafíos de desarrollo que enfrenta nuestra región se ven inalcanzables si son abordados únicamente desde una óptica tradicional de filantropía, subsidios, transferencias públicas o responsabilidad social. La propuesta es orientar y alinear los esfuerzos hacia un enfoque de creación de valor compartido que utilice la fortaleza económica del core business de las empresas. 

De acuerdo con Michael Porter y Mark Kramer, existen al menos tres enfoques para desarrollar estrategias de valor compartido: reimaginando productos y mercados; redefiniendo la productividad en la cadena de valor; o bien desarrollando clusters locales. Yo quiero referirme específicamente a algunas formas en cómo redefinir  la productividad en la cadena de valor. 

En este sentido, las grandes empresas -que representan el 1% de todas las unidades económicas en la región- siempre van a tener que colaborar con el restante 99%: las micro, pequeñas y medianas empresas que está presentes en la cadena de valor ya sea en forma de proveedores de bienes y servicios, como distribuidores o inclusive como clientes finales. Las mipymes son la base imprescindible para la estabilidad y movilidad económica de Latinoamérica (y muchas otras regiones). Muchos ven en este sector un alto riesgo y falta de recursos; pero en realidad en cada una de estas pequeñas empresas hay potencial de modernidad, abundancia y prosperidad.elfid.JPG

Bajo este enfoque, el concepto de RSE debe enriquecerse con estrategias que abran una oportunidad de generar valor económico, social y ambiental al integrar a las mipymes en la cadena de valor como socios de negocio. ¿Cómo? Invirtiendo en su desarrollo, acercándoles herramientas financieras y tecnológicas e insertándolas eficientemente en los mercados. En pocas palabras: aumentando su productividad. Ya muchas grandes empresas han comenzado a cambiar la manera en que hacen RSE y la evidencia más clara es cuando sus programas dejan de ser iniciativas aisladas, con presupuestos limitados y se vuelven componentes centrales de sus estrategias de negocio. 

Así, podemos encontrar a productores de alimentos, bebidas o no perecederos que integran a miles de micro distribuidores (tiendas de barrio, panaderías, farmacias, ferreterías, salones de belleza o talleres mecánicos) como socios de negocio, a los que fortalecen con habilidades de mercadeo, manejo de inventarios, administración y finanzas; y les proveen tecnología y les acercan instrumentos financieros que les permitan apalancar su crecimiento.

 El resultado son redes de distribución que se ven fortalecidos y en donde todos los actores pueden ver resultados tanto en su modelo de negocios como en la sostenibilidad de sus fuentes de ingresos. Por otro lado, también podemos encontrar experiencias donde grandes productores de alimentos y manufacturas integran estratégicamente a sus proveedores, generando relaciones de negocios de largo plazo al cerrar brechas operativas o de competitividad que de otra manera le impedirían a miles de pequeños productores y pequeñas empresas una inserción exitosa a los mercados.

La construcción de un círculo virtuoso de creación de valor compartido alrededor de pequeños empresarios de las cadenas de valor se ha convertido en  una visión ganar-ganar que ya tiene muchos adeptos en América Latina. ¿Esta su empresa preparada para multiplicar su impacto en el desarrollo?